Cuando el sol se detiene, las hojas caen como gotas de un otoño que llora promesas de pueblo en la memoria de un viajero. A orillas de las venas del tren, cada línea vivida no es destino, sino camino paralelo a la realidad; cada página ojeada, un cruce donde las palabras esperan ser deambuladas.
Lo veo con la claridad del desconcierto, en las vías que conducen al resoplido invisible del tiempo.




