Bajo las hojas del otoño
dormía la sonrisa de su alma,
hice de mí
la curvatura de sus labios
y el trinado de su canto.
En su pecho
dormía el frío del silencio
bajo el manto de la soledad,
hice de mí
el vigor
y la adrenalina
de su ritmo cardíaco.
Señora mía
la fuerza de sus palabras.

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